María José Ferrandis. Psicóloga Coach

María José Ferrandis

PEC Psicóloga Especialista en Coaching

Colegiada CV00505

Coach Profesional Ejecutivo Certificada

Por AECOP/EMCC. Nº CP 134

Todas las emociones que experimente una persona son siempre válidas y tienen sentido

Volver

María José Ferrandis. Todas las emociones que experimente una persona son siempre válidas y tienen sentido
03
MAY/2015

No es para tanto. Estas exagerando. No vale la pena estar triste. Con voluntad lo puedes conseguir. Otras personas están peor que tú. Piensa en positivo

La mayoría de las veces cuando alguien nos dice, cosas así, u otras parecidas, está tratando de ayudar, de calmar, de aliviar. Sus intenciones son buenas, pero provoca el efecto contrario: hacernos sentir equivocados y dejarnos solos. A esto, los psicólogos, le llamamos invalidar: Comunicarle al otro que lo que siente es incorrecto, que debería sentir distinto. Aunque la persona que nos lo dice, con toda su buena intención, no sea consciente de ello.
En algún momento de nuestra vida, cuando el dolor y la tristeza anidan en nuestro corazón, hemos recibido alguna vez comunicaciones similares a éstas. Entonces, apenas las escuchamos, corremos a abrir la cajita de herramientas para cambiar lo que sentimos, todos ilusionados, hasta que nos damos cuenta de que simplemente no podemos. La cajita resulta inútil, lo que sentimos es algo que no depende de nuestra voluntad. Por supuesto que una vez que una emoción se ha disparado, contamos con varios recursos para elegir cómo responder a ella, pero esa es otra historia, de la que en otro momento hablaremos.
Básicamente, lo que está detrás de la comunicación invalidante es la NO aceptación de la experiencia emocional del otro.
La Terapia Dialectico-Conductual (DBT) ha incluido la Validación como una de las estrategias centrales del tratamiento De hecho es una terapia que estimula la presencia de una dialéctica entre estrategias de validación (aceptación) y estrategias de cambio, mientras que la mayoría de las psicoterapias que conocemos están orientadas principalmente al cambio solamente.
La validación por parte del terapeuta implica, de manera resumida, comunicar al paciente que sus respuestas emocionales tienen sentido y son entendibles dentro de su historia y/o contexto actual. El terapeuta acepta las emociones del paciente y le comunica esta aceptación. Aceptarlas, implica identificar esas respuestas, tomarlas seriamente, sin desatenderlas ni trivializarlas, con una actitud no juiciosa y describiéndolas de manera no peyorativa.
Cuando un terapeuta DBT utiliza estrategias de validación emocional lo que hace es alguna de estas cuatro cosas (o varias a la vez):
1.Ofrece oportunidades para la expresión emocional: el terapeuta escucha, clarifica y valida las emociones sin juzgarlas, dándoles lugar. Esto implica lo contrario a intentar controlar las emociones del paciente intentar calmar las emociones rápidamente envía el mensaje de que son algo que no tendría que estar ahí, algo de lo que hay que deshacerse, justamente lo contrario a lo que se intenta al validar.
2.Enseña habilidades de identificación y etiquetado de emociones: invita a observar con atención qué es lo que se está experimentando, a identificar los componentes de la emoción (disparadores, sensaciones corporales, impulsos de acción) y a poder nombrarlas.
3.Lee las emociones: Leer las emociones, implica que con pocos elementos como el evento precipitante o cierta postura corporal- el terapeuta puede darse cuenta de cuál es la emoción que puede estar sintiendo el paciente y comunicárselo a modo de hipótesis. Esto es casi siempre validante ya que comunica que la respuesta emocional del paciente es normal y entendible.
4.Comunica la validez de la emoción: el terapeuta comunica que esa experiencia emocional es comprensible. Existen dos tipos de comprensión que puede comunicar. La primera es comunicar que la mayoría de las personas responderían a la situación disparadora de la emoción de la misma manera. La segunda es comunicar que la emoción es comprensible dadas sus experiencias pasadas de aprendizaje incluso cuando otros hubieran reaccionado diferente, es entendible dentro de ese contexto.
Podemos definir entonces a la validación como una práctica de aceptación profunda de las emociones del otro, sin juzgar, sin aconsejar, sin intentar cambiar nada en ese momento. Cuando validamos, corroboramos la importancia de lo que siente la otra persona y lo tomamos como algo legítimo. En definitiva: comunicamos que nos importa su experiencia.
No tenemos que estar de acuerdo para validar, ni pensar que nosotros reaccionaríamos igual. Tampoco es necesario que nos parezca lógica la respuesta emocional. Si asumimos que todas las respuestas emocionales son producto de una historia de aprendizaje y un contexto particular, podremos entender que son siempre válidas, aunque no comprendamos del todo esa respuesta particular.
Tenemos muy buenas razones para practicar validación con las personas que tenemos a nuestro alrededor. La validación construye confianza y aumenta la intimidad en los vínculos, disminuye la sensación de aislamiento y alienta a que el otro experimente y acepte sus emociones.
La práctica de la validación suele generar también un aumento de la capacidad para la auto-validación emocional. Respetamos las emociones de los otros y también las propias, aceptándolas como parte de la experiencia de ser humanos.
¿Cómo la practicamos?
1) Prestando atención, escuchando al otro, mirándolo a los ojos: escuchar lo que dice atentamente, observar sus gestos, su tono de voz, su postura corporal estar atento a lo que el otro expresa sin pensar en la respuesta que darás.
2) Aceptando con mente abierta la experiencia emocional del otro: cualquiera que sea la emoción que está sintiendo, es su emoción, y puede incluso ser dolorosa pero eso es parte de la condición humana. Es importante hacer lugar a todas las emociones, todas tienen un sentido.
3) Identificar las emociones del otro y dar una respuesta empática sin aconsejar: aconsejar implica que algo de la situación debe cambiar, muestra que nos cuesta tolerar la presencia de la experiencia emocional. Si la otra persona no ha pedido consejo, darlo puede resultar invalidante ya que puede dejar ver que consideramos que el otro no sabe cómo resolver sus problemas.
4) Ofrecer compañía: ofrécele permanecer a su lado durante la experiencia emocional si no estás seguro de que eso es lo que el otro desea puede preguntar si desea estar solo, si quiere hablar sobre eso o si hay algo puntual que puedas hacer en ese momento. Es importante no emitir juicios ni valoraciones en esos momentos y estar dispuesto a dar no lo que uno cree que es mejor, sino lo que es mejor desde la perspectiva del otro.
Una de las razones por las que nos cuesta tanto validar las emociones del otro es la ansiedad que sentimos por ayudarlo a sentirse mejor y, de paso, sentirnos mejor nosotros. Nos cuesta hacer lugar a las emociones, en especial cuando son dolorosas o displacenteras. Nos duele que al otro le duela, que esté triste, que esté enojado y nos cuesta tolerar estar ahí para simplemente acompañar. Pero el riesgo de querer ahogar rápido esas emociones es alto: podríamos enseñar sin quererlo que las emociones dolorosas no deberían estar ahí, cuando en realidad son parte ineludible de la vida podríamos estar comunicando que el otro no sabe cómo llevar una vida sin dolor, lo cual es en realidad una meta inalcanzable.
Para finalizar: no hay experiencias emocionales positivas sin las negativas. Quien no está dispuesto a sentir y aceptar el dolor poco a poco va perdiendo la capacidad para experimentar felicidad y alegría. En este sentido, uno de los mejores regalos que podemos ofrecer es dar lugar a las emociones del otro y a las propias-, las que fueren, porque todas contienen algo de verdad y de sentido y merecen ser experimentadas completamente.

La fotografía que encabeza este artículo es de MªCruz Huertas Muñoz-Quirós